¡Cuál late ansioso el pecho conmovido!
¡Cuán feliz en tu seno olvidaría
el volar de las horas, dulce nido!
Aquí en sueños de amor, Naturaleza,
modelaste esa angélica criatura;
aquí, cuando a latir el pecho empieza,
la niña descansó cándida y pura.
Aquí, la actividad viva y sagrada,
porque a mi afán su perfección conteste,
completó esa hermosura consumada,