Miguel

Del mar la tempestad corre a la tierra,

y de la tierra al mar vuelve rugiendo;

y en órbita fatal al mundo encierra

con fiero afán y encadenado estruendo.

Luto y desolación, terror y espanto,

el rayo, al estallar, delante envía;

pero tus mensajeros, ¡oh Dios santo!,

el curso alaban de tu hermoso día.

Los tres Arcángeles