pero algo había en mi pecho
que hablaba en vuestra defensa;
y entonces –sábelo Dios–
contra mí me revolvía,
al ver que, como debía,
no me indignaba con vos.
Fausto
¡Dulce amor!
Margarita
Voy a probar...
pero algo había en mi pecho
que hablaba en vuestra defensa;
y entonces –sábelo Dios–
contra mí me revolvía,
al ver que, como debía,
no me indignaba con vos.
Fausto
¡Dulce amor!
Margarita
Voy a probar...