de dormidos pensamientos,

la que soñó en la montaña

una casita y un huerto,

y en aquel mundo inocente

encerró todo su anhelo?

¡Yo, loco y de Dios maldito,

desbaratando su ensueño,

sobre esa choza derrumbo

los peñascos gigantescos,

y sus castas alegrías