Cuando, al son de las botellas,
nuestra bulliciosa tropa
hacía, entre copa y copa,
el elogio de las bellas,
yo, en la mesa entrambos codos,
escuchaba sin empacho;
y atusándome el mostacho,
después que acababan todos,
ajeno a temor y cuita,
el vaso, bien lleno, alzaba,