y «en el mundo no hay, gritaba,

otra como Margarita.

De ofender a nadie trato;

mas sostengo mi fortuna:

¡no le llega, no, ninguna

a la suela del zapato!»

Todos, chocando a la vez

los vasos en confusión,

gritaban: «Tiene razón;

es de su sexo honra y prez.»