son dulces sollozos de inquieto placer,
son ecos confusos que, allá en lontananza,
las dichas repiten de un plácido ayer.
Un grito ha sonado, doliente y acerbo:
¿Quién, dentro del bosque, velando aún está?
La triste lechuza y el búho y el cuervo,
que insomnes acechan la presa quizá.
Manojos fingiendo de horribles culebras,
la selva, que al huésped le niega merced,
mil brazos nudosos alarga en las quiebras,