de los bosques seculares;
colúmpianse sus pilares
con crujido lastimoso;
gimen con rudo vaivén
las ramas, y sacudidas
bajo tierra, las hundidas
raíces crujen también;
y tronchándose, a los broncos
bramidos del huracán,
en montón cayendo van
de los bosques seculares;
colúmpianse sus pilares
con crujido lastimoso;
gimen con rudo vaivén
las ramas, y sacudidas
bajo tierra, las hundidas
raíces crujen también;
y tronchándose, a los broncos
bramidos del huracán,
en montón cayendo van