–¡única y triste herencia de mis padres!–,
¡mi vida llenan, si mi vida es vida!
Y pregunto: ¿por qué, medroso y débil,
mi desmayado corazón palpita?
Y pregunto: ¿por qué mortal angustia
mis flacas pulsaciones paraliza?
Lo pregunto, y sin ti, Naturaleza,
en cuyo seno Dios nos forma y cría,
en el polvo, en el humo y la carcoma,
vivo enterrado entre osamentas frías.