pues que vagáis, Espíritus, en torno,

oíd, y contestad a la voz mía.

(Abre el libro y se presenta el signo del Macrocosmos.)

¡Cuán sabrosa fruición, ante esa imagen,

mi ser inunda y mi sentido anima!

Por mis arterias y mis nervios corre

el santo hervor de renaciente vida.

¿Fue un Dios acaso quien trazó este signo,

que el hondo afán del corazón mitiga,

al Espíritu presta nuevas alas