¡Grande y sublime Espíritu, que te dignaste acudir a mi voz!; tú, que conoces mi corazón y mi alma, ¿por qué me encadenas a un vil compañero, que se alimenta de males y se goza en las ruinas?

Mefistófeles

¿Acabaste?

Fausto

Sálvala..., o ¡ay de ti! ¡Sobre tu frente irá por siglos de siglos la maldición más espantosa!

Mefistófeles

No puedo romper las ligaduras de los vengadores, ni descorrer sus cerrojos.

¡Sálvala!

¿Quién la perdió? ¿Tú o yo?

(Fausto lanza en torno miradas feroces.)