Margarita

¿Eres tú? ¡Dios soberano!

¿Eres tú? (Asiéndolo.) No me engañes. Ven, repite

esa dulce palabra. ¿Qué se hicieron

los tormentos, la cárcel, la terrible

cadena?... ¡Es él! ¡Es él! A libertarme

viene, y ya libre estoy. ¡Libre, sí, libre!

Mira; aquesa es la calle en que nos vimos

por vez primera; aquellos los jardines

donde con Marta te aguardaba ansiosa...