¿Dónde está? Me llamaba. ¿Habéis oído?
¡Libre estoy! ¡Libre estoy! Nadie me impide
volar ansiosa a sus amantes brazos
y en ellos reposar. Me llama: erguirse
veo su sombra entre las rojas llamas,
y en el fragor diabólico distingue
mi oído, entre infernales carcajadas,
de su querida voz el dulce timbre.
Fausto
Sí, yo soy.