¡De rodillas caigamos, de rodillas

para invocar a Dios! Allí, en el linde

de la puerta, las llamas infernales

arden, y en medio lúgubre sonríe

Satanás.

Fausto, gritando

¡Margarita! ¡Margarita!

Margarita, atenta

La voz era esa del amante: ¡ay triste!

(Yérguese y caen las cadenas.)