Maté a mi madre;

ahogué al hijo mío. ¿Lo entendiste?

¡Al hijo nuestro! ¡A entrambos nos fue dado!

¡A ti también! Mas, ¿eres tú? Imposible

paréceme. ¡Tu mano! ¡A ver tu mano!

¡Cielo! ¿Es su diestra, o la ilusión lo finge?

Es ella, sí; ¿por qué está humedecida?

¡Enjúgala, por Dios; sangre la tiñe!

¡Insensato! ¿Qué has hecho? Envaina el hierro.

¡Envaina el hierro, por piedad!