allí fuera, y en constante acecho
la Muerte. Vamos, sí; quiero seguirte
no más hasta ese lecho de reposo,
¡de eterna paz!... Tú marcharás, Enrique.
¡Oh, si pudiera acompañarte!
Fausto
Puedes;
la cárcel está abierta.
Margarita
¿Y de qué sirve
allí fuera, y en constante acecho
la Muerte. Vamos, sí; quiero seguirte
no más hasta ese lecho de reposo,
¡de eterna paz!... Tú marcharás, Enrique.
¡Oh, si pudiera acompañarte!
Fausto
Puedes;
la cárcel está abierta.
Margarita
¿Y de qué sirve