[2] El doctor Johnson, que se complacía en divulgar esta calumnia contra Milton, así como algunos otros, suponía que Milton no pudo olvidar jamás aquel ultraje, y que indirectamente lo confesó en una de sus poesías latinas, cuando, hablando de Cambridge y declarando que no le lisonjeaba la idea de volver a ver aquella Universidad, escribía:

«Nec duri libet usque minas preferre magistris,

Cæteraque ingenio non subeunda meo.»

Este último verso lo traduce el malicioso crítico así: «y otras cosas insufribles para un hombre de mi temple.» Pero ingenio lo que aquí expresa propiamente es la constitución intelectual, al paso que la degradación que impone el castigo personal afecta a la constitución moral. Milton alude aquí a los enojosos certámenes del aula, que tan repugnantes eran a la delicadeza de su genio poético.

[3] Por esto escribía a los dos años de residir en el colegio: «Verdaderamente, según he podido averiguar, apenas habrá aquí uno o dos, entre tantos como somos, que no tengan cierta tintura de teología, y que ignorando la filología, lo mismo que la filosofía, no se contenten con parecer un poco teólogos, lo bastante para hilvanar un breve sermón, o llenarlo de retazos de otra cualquiera cosa.» Carta a Alejandro Gill. Julio 2 de 1628. Este disgusto de los hombres y de las cosas no era para granjearse muchos amigos; pero de que opinase así ¿quién ha de maravillarse?

[4] Salmasio dejó en respuesta a la de Milton, una obra manuscrita que se imprimió en la época del mayor fervor de la Restauración, ocho años después de su muerte. Su extraordinaria virulencia revela la profunda herida que había recibido; pero el libro llamó poco la atención.

[5] Quiere decir del Paraíso, que como veremos más adelante, formaba parte del Edén.

[6] El Oreb y el Sinaí formaban una sola montaña con dos eminencias distintas, de las cuales la más alta era el Sinaí.

[7] Moisés, que guardaba los ganados de su cuñado Jethro.

[8] Era un riachuelo que pasaba cerca del templo de Jerusalén.