[29] La Luna, a quien los fenicios tributaban culto, y llamaban reina del cielo.

[30] Salomón.

[31] Tamuz, como si dijera Adonis, dios de los sirios, el cual suponían que moría y resucitaba todos los años.

[32] I. Sam. V, 4.

[33] El siriaco Naaman, que fue curado de la lepra por Eliseo, y que en agradecimiento se propuso no ofrecer en adelante ni incienso ni sacrificio a ningún otro dios más que al Señor.

[34] Acaz o Ahaz, habiéndose hecho dueño de Damasco, ayudado por el rey de Asiria, vio un altar del que envió un modelo o copia a Jerusalén para que por él hiciesen otro, y a su regreso a aquella ciudad sacrificó sobre él y se entregó del todo a la idolatría.

[35] Osiris e Isis se cree probable que fuesen en su origen representaciones del Sol y de la Luna. Orus se decía hijo de ambos. Estos y otros dioses de los egipcios eran adorados bajo las monstruosas formas de toros, perros, gatos, etc., y la causa de esta superstición se derivaba de la fábula tradicional de que cuando asaltaron el cielo los gigantes, se amedrentaron los dioses de tal manera que huyeron a Egipto encubriéndose bajo formas de varios animales; a lo cual, agradecidos los egipcios, comenzaron a tributar culto a los dioses en las figuras que habían tomado.

[36] Jeroboam, a quien hicieron rey los israelitas rebelados contra Roboam.

[37] Como el primero era Moloc, este por su fiereza, y Belial por lo torpe y por lo medroso.

[38] Judices, XIX, 25.