[19] Es este un valle muy celebrado por su antiguo monasterio y por su pintoresca situación, y se halla situado a unas diez y ocho millas de Florencia.
[20] Constelación que se representa bajo la figura de un hombre armado, y que se supone ser anuncio de tempestades.
[21] Algunos escritores dan este nombre a Faraón.
[22] Región de Egipto, próxima a la Palestina, donde habitaban los israelitas.
[23] Moisés. V. Exodus, X, 13, 14, 15.
[24] Moloc era el inmediato en dignidad a Satán y Belzebú. Su nombre quiere decir rey, y a este se añadía la calificación de horrible, por los sacrificios humanos que se le hacían. Era un ídolo de bronce; representábanle sentado, ciñendo corona, con la cabeza de becerro y los brazos extendidos, en ademán de recibir en ellos a las miserables víctimas que se le sacrificaban. Adorábanle los Ammonitas en Rabbá o Rabat, su capital, llamada la ciudad de las aguas, y como añade el texto, en los países que se extendían hasta el río Arnón, límite de aquellos dominios por la parte del mediodía.
[25] Así se llamaba el monte de las Olivas (I Regum, XI, 7).
[26] Jeremías, VIII, 31. Hinnón o Tophet, del hebreo Toph, tambor o atabal, por los instrumentos ruidosos que tocaban para que no se oyesen los gritos de los niños que sacrificaban a aquel ídolo.
[27] Moloc y Chamós solían figurar juntos, como una transición natural del dios de los ammonitas al de los moabitas. San Jerónimo y otros expositores creen que Chamós y Baal-Péor eran uno mismo con diferentes nombres, y hasta suponen la identidad de ambos con el Príapo de los gentiles, al cual alude nuestro autor en lo de obsceno numen de los hijos de Moab.
[28] La Escritura los cita juntos con frecuencia. Con estos nombres se conocían generalmente los dioses y diosas de Siria y Palestina. Parece que significaban el sol y el astro que presidía los cielos.