[116] Sobrenombre de Júpiter, por el monte Dicta, y de Creta o Candia, donde fue criado. Yerran a nuestro juicio los que interpretan este pasaje diciendo «antes que Dicta viese nacer a Júpiter.»

[117] Perros, dice el autor, no monstruos; mas aun cuando sea homérica, no nos parece la expresión muy del gusto de nuestro tiempo.

[118] El autor incurre aquí en los desvaríos de la jerga astrológica que tan común era en aquella época, y sacrifica la grandeza del asunto y de la expresión al prurito de ostentar una erudición enfática y ridícula.

[119] El Estotiland es un país de la América del Norte situado hacia el polo Ártico y la bahía de Hudson. El Estrecho de Magallanes sabido es que se halla en la América meridional.

[120] De Tiestes, dice el autor, pero Tiestes no hizo más que acudir al banquete que le ofreció su hermano Atreo, cuando para vengarse de su incestuoso crimen, le dio a comer la carne de los hijos que aquel había tenido en su esposa Europa; y el sol retrocedió al ver espectáculo tan horrible. En el mismo sentido activo, aun cuando es pasivo, decimos hoy la espada de Damocles.

[121] Norumbeca, territorio de la América del Norte.

[122] La Samoyeda estaba situada al nordeste de Moscovia, en el Mar Glacial.

[123] Todos estos nombres de vientos, antiguos unos, modernos otros, tan pronto latinos como italianos, no prueban en el épico inglés más que el intemperante deseo de dar a conocer su instrucción, prescindiendo de todo género de defectos e inconvenientes.

[124] Creen algunos autores que Adán tenía trece costillas en el lado izquierdo, sobrándole una del número prefijado, de la cual fue formada Eva; y a esta opinión sin duda alude Milton.

[125] Sabida es la fábula de Deucalión, el Noé de la mitología, que habiéndose salvado del Diluvio en una nave que le llevó al monte Parnaso, juntamente con su esposa Pirra, instaron con tales ruegos al oráculo de Temis, que para que no pereciese la raza humana, se les mandó que arrojasen piedras por detrás de ellos, las cuales a medida que iban cayendo, se convertían en hombres y mujeres. Censuran algunos críticos a Milton por las frecuentes alusiones que hace a la mitología pagana; pero otros le defienden observando que las emplea meramente como símiles y como recurso y ornato poéticos, que en su tiempo constituían una especie de tradición clásica de que no era dable prescindir, y un lenguaje convencional admitido por todo el mundo.