[126] Esta es la idea del poeta, que expresa artificiosamente con la palabra dimensionless, esto es, sin dimensiones, incorpóreas, inmateriales.
[127] La traducción de este pasaje, tan recargado de figuras como se ve, necesita algunas explicaciones. La imagen de Jano, a quien, para denotar su gran previsión y sabiduría, se representaba con dos caras, una que miraba a lo pasado y otra a lo futuro, da una idea exacta de los querubines, que tenían cuatro. Argos, el pastor de los cien ojos, encargado de vigilar a Ío, convertida en vaca, cedió al encanto de la música de Mercurio, que consiguió dormirle completamente, al son de su zampoña o flauta. Hermes es el mismo Mercurio, y su varilla mágica o soporífera (opiate), como dice el original, significa su célebre caduceo. Toda esta acumulación de símiles y metáforas se reduce a encarecer lo imposible que era burlar la vigilancia de los querubines, que tenían el cuerpo cubierto de ojos, more wakeful than to drouse, más despiertos que para ser adormecidos: expresión censurada como en extremo vulgar por algún crítico, que la ridiculiza diciendo: esto es lo mismo que poner, demasiado habladores para ser mudos, o demasiado blancos para ser negros; sin reparar en que el sentido de la frase no termina en lo de ser adormecidos, sino que tiene el complemento en la idea que sigue: no dejarse adormecer ni por la flauta arcadia, ni por el caramillo, etc.
[128] Leucothea, Diosa blanca, en griego, Matuta, en latin; de donde procede el adjetivo matutina, la primera luz que anuncia la aurora. Era la del último día que veían nuestros padres en el Paraíso.
[129] El sueño y la escala de Jacob.
[130] Alude a la guerra que movió el rey de Siria al de Israel por la revelación del profeta Eliseo, de que habla el Libro de los Reyes en el cap. IV.
[131] Era Melibea una ciudad de Tesalia, famosa por el pescado que se cogía en sus aguas, llamado ostrum, con el cual se teñía la púrpura más selecta.
[132] La grana o púrpura de Sarra, que también se decía de Tiro, debía su nombre fenicio, al pez llamado Sar o Sarra, procedente de aquellos mares y cuya sangre daba el hermoso color purpúreo.
[133] No estará de más recorrer con Adán los diferentes puntos que el Arcángel le va indicando, hasta abarcar ambos hemisferios, el del Antiguo y el del Nuevo mundo, porque, a favor de algunas aclaraciones, se comprenderá mejor la especie de itinerario que sigue Milton. Empieza por la región más antigua, el Asia, «por su parte septentrional, Cambalu, residencia del Can, y capital del Catai, provincia de Tartaria; por Samarcanda, orillas del Oxo, la ciudad principal de la Tartaria Zagataya, cerca del río Oxis, trono de Temir, patria y corto del gran Tamorlán. Del norte, pasa al oriente y mediodía de la misma región, a Paquín o Pekín, residencia de los reyes de la China, capital de esta región, que era la de los antiguos Sinas, mencionados por Ptolomeo. De aquí pasa a Agra y Lahor, las dos ciudades más notables del imperio del gran Mogol; al Quersoneso Áureo, es decir a Malaca, el promontorio más meridional de las Indias orientales; a la Ecbatana de Persia, su capital primitiva, o Hispahan, que lo fue posteriormente; a la ciudad donde impera el zar ruso, el zar de Moscovia, Moscú, metrópoli que era de todas las Rusias; y donde ejerce su soberanía el Sultán de Bizancio, el gran señor de Constantinopla, antes llamada Bizancio, hija del Turquestán, porque de esta provincia de Tartaria procedían los turcos: puntos todos pertenecientes al Asia, como que formaban la parte más importante de sus territorios.
Trasládase después al África, y aparecen ante su vista el imperio de Nego, la Etiopía superior o tierra de Abisinia, sometida a un soberano, llamado en la lengua de aquel país Nego o rey, y por los europeos el preste Juan, hasta su puerto más distante, Ereco, Ercoco o Erquico en el mar Rojo, fronterizo por el nordeste del imperio de Abisinia, y los pequeños estados marítimos, los reinos menores de la costa meridional. Montbaza, Quiloa y Melinde, próximos todos al Zanguebar, dilatada región de la Etiopía inferior, al este del mar de la India, colonia de los portugueses, y Sofala, creída Ofir, otro reino y ciudad del mismo mar, que Purchas y otros equivocaron con Ofir, de donde Salomón sacaba el oro, hasta el reino del Congo, que era asimismo un reino de la Etiopía inferior, en la costa occidental, como otros se hallaban en la oriental, y Angola más hacia el sur, otro país al mediodía del Congo. Y desde aquí, desde el Níger, que divide la Nigricia en dos partes, al monte Atlas, en lo más occidental de África, a los reinos de Almanzor, es decir, a Fez y Sus, Marruecos, Argel y Tremecén, todos ellos de Berbería.
De África pasa a Europa, y al lugar donde Roma había de dominar al mundo; sobre la cual se detiene menos por ser más conocida.