yo de mi alma llevaré el desvío
viendo á los hombres de pesares llenos,
y buscaré, para consuelo mio,
remedio no á mi mal, á los ajenos.
Mi adios he dado sollozando y triste
del amor á los goces inefables;
ya la mujer que idolatré no existe
sino en mis pensamientos implacables.
Ellos me la retratan bella y pura
como la flor al despuntar la aurora...