Ya no espero vencer en el combate:

¿qué fuerza habrá que á combatir me obligue?

Si es que merezco tal rigor, lo acato;

quede vengado el crímen cometido:

si es injusto placer de un Dios ingrato,

goce en mi mal; ni compasion le pido.

Yo volveré mis ojos anublados

por un dolor mayor que mi arrogancia,

no á los cielos sin nubes y azulados

donde un Dios me mostraron en la infancia;