á tanto llega su castigo fiero...
¡que me deja vivir sin esperanza!
Tal vez pensó la mano misteriosa
que así á un suplicio eterno me condena,
que al ver perdida mi ilusion hermosa,
al verme entre las sombras de la pena,
en justo desagravio del martirio
que en un infierno convirtió mi vida,
ciego, iracundo, presa del delirio
fuese á buscar el arma del suicida...