ya me siento al piano

y recorro con mano perezosa

las teclas de marfil de uno á otro extremo,

modulando en su marcha caprichosa

extrañas melodías

en las que siempre va del alma parte,

llenas de extravagantes fantasías,

sin hilacion, sin formas y sin arte,

brillantes una vez y otra sombrías;

canto salvaje que mi mente eleva