el alma eleva su vuelo
hasta la idea de Dios.
El que le maldice, yerra;
fuera insensato matarlo;
en su desconsuelo encierra
el mayor bien de la tierra,
que es el poder consolarlo.
Y cuando acaba el amor
y la mente envejecida
pierde frescura y calor,
el alma eleva su vuelo
hasta la idea de Dios.
El que le maldice, yerra;
fuera insensato matarlo;
en su desconsuelo encierra
el mayor bien de la tierra,
que es el poder consolarlo.
Y cuando acaba el amor
y la mente envejecida
pierde frescura y calor,