no brotó nunca pensamiento puro,

y que ignorando el bien que poseia,

vendia, por un poco de dinero,

en público mercado,

el placer más inmundo, si es vendido,

el mayor y más dulce, si es ganado;

próxima al duro instante

de la triste agonía,

á un padre confesor agonizante

con anhelosa voz así decia: