—«Padre: yo de mis culpas me arrepiento

»y pido á Dios perdon de mi impureza;

»miradme bien al rostro, que no miento.»

Y levantando la cabeza en tanto,

fijaba sobre el fraile macilento

una mirada de ansiedad y espanto;

y al ver que nada el fraile le decia,

con ansiedad creciente proseguia:

—«Él sabe bien, y me lo tendrá en cuenta,

»que del vicio en la senda siempre impura,