ȇun cuando de placeres avarienta,

»tan sólo me ha tocado la amargura.

»¿Qué es el mayor tormento, comparado

»al pesaroso hastío del pecado?»

Y vertiendo de lágrimas un rio,

seguia con acento sofocado:

—«¡Ay! ¡He sufrido tánto, padre mio!»

Alzándose convulsa, en vano abria

sus ojos, ya sin brillo,

y olvidándolo todo, descubria