el pecho descarnado y amarillo

que hinchaba el estertor de la agonía.

—«Acaso Dios me señaló en la cuna»

(siguió con voz oscura y misteriosa)

«la senda de mi vida vergonzosa;

»me negó la virtud y la fortuna,

»y en cambio me hizo hermosa.

»Tal vez de mi impureza el desvarío

»habrá sido castigo de otros séres...

»Más de una vez, detrás de su desvío,