que eternas deben ser en tu memoria

si han de aliviar tus horas de tristeza.

Ciega se ceba en mí la desventura,

soy pobre, y sólo espero ya en la muerte,

mas arrostro sereno la amargura;

pues contra ella una cosa me hace fuerte

que vale más que toda tu ventura:

un alma resignada con su suerte.