de luz, de aromas y de cantos llena,
era su voz; el rayo su mirada;
el ronco trueno, el ruido de su carro
que cruzaba el Empíreo;
su espejo el ancho mar; su manto el cielo,
y el sol esplendoroso su sonrisa.
Y en una y otra edad le comprendia,
sentia su presencia en el ambiente