y sufre resignada el mal y la perfidia
sin pensar en quien lo hace y sin quejarse de él.
Cogiendo sólo flores, nunca su mano hermosa
ha tocado del vicio la copa contagiosa,
ningun lazo la arranca al amor y al hogar;
en su clemencia olvida pasados extravíos...
ignora qué son esos pensamientos impíos
que pasan por el alma cual sombras por el mar.
Ella ignora—que siempre lo ignores, hija mia,—
las miserias del mundo con que el alma se enfria: