¡Vé á rezar, hija mia! Primero por aquella

que meció tantas veces tu cuna blanca y bella,

por la que, tú en el cielo, fué á buscarte hasta él;

y te puso en el mundo, y madre cariñosa,

por tí haciendo dos partes de la vida azarosa,

tomó siempre el acíbar y te dejó la miel.

Ruega por mí en seguida. A mí me hace más falta.

Ella, como tú, áun lleva la frente pura y alta,

tiene el alma serena y el corazon sin hiel;

piadosa para todos, ignora qué es la envidia