Viviendo, el alma duda, y aunque en todo se siente

el fin supremo claro, visible y trasparente,

se envejece del vicio en negra esclavitud;

el hombre olvida el gérmen de su orígen divino,

que á todos roban algo las zarzas del camino,

su vellon á la oveja y al hombre su virtud.

Vé, pues, y por mí reza; y reza solamente

diciendo á Dios: «¡Tú eres nuestro Padre clemente!

¡Piedad! ¡Tú eres el bueno! ¡Tú eres el inmortal!»

Deja ir la palabra donde el alma la envía.