de ley y de justicia,
el arte, hijo de Dios, ¿son ménos grandes
que los sueños que el jóven acaricia?
Horas de duda, aborrecidas horas,
apartaos de mí, que ya no os temo
sino en recuerdo, como á mal pasado.
Ya sé que el árbol que de hermosas flores
la Primavera plácida engalana,
no las conserva en el ardiente Estío;
que el sol marchita y borra sus colores,