mísero y solo bien que ya poseo,
puede pagar el que por mí has vertido!
Así piensa el avaro
poder pagar con un puñado de oro
la dicha de este mundo:
avaro soy y el llanto es mi tesoro.
En él mi dicha fundo,
que cuando con el alma acongojada,
pobre, impotente, sin amor ni gloria,
busco ansioso la nada,