Y canta y llora; sí, madre querida,
lloro entregado á sin igual tristeza,
que el cuerpo y el espíritu, abatidos,
no pueden desechar; que con la vida
no ha de acabar aunque con ella empieza;
pues una voz callada y misteriosa
resuena en mis oidos,
y me dice que el alma no reposa.
¡Lloro, insensato, y creo
que este llanto terrible y encendido,