tú me enseñaste á pronunciarle; hoy, hombre,

el hombre adora lo que hablaba el niño.

El hombre graba en su angustiada mente

con santos signos la mejor palabra,

y canta en tus recuerdos inspirado,

volviendo tristemente

sobre el tiempo dichoso y ya pasado,

en que tu amor tan sólo, su amor era;

amor dulce, sereno, inmaculado

como el rayo del sol en primavera.