y eleva con su savia el pensamiento?

¿Acaso no me han dado

dolor bastante que mi canto inspire,

tus lágrimas benditas?

—¡Cuántas por culpa mia has derramado!...

¡Ah! Dios las tendrá escritas...


¡Madre! ¡Quiero estampar aquí tu nombre,

una, y otra, y cien veces, madre mia!

Cuando niño, encantada en tu cariño,