¡Oh! tú que crees y que en Dios confias,
tú que sabes rezar, madre adorada,
dime, por Dios, una oracion; aprenda
yo de tus labios, como en otros dias,
una plegaria que la fé apagada
haga en mí renacer... Pero es en vano.
Ya torna al pecho la perdida calma.
¡Tambien yo sé rezar... ¿Sabes qué rezo?
¡Tu nombre nada más, madre del alma!