todos los sueños de la edad primera...
hasta fé en el amor; y así, la amaba
como un demente: con el alma entera.
Ella, docta en las luchas de la vida
—cosas que sólo una mujer entiende
cuando del vicio á los horrores llega,—
sabía que halla paga más subida
una prudente infamia que se vende,
que una loca inocencia que se entrega.
Pero él,—que no creyó ni por asomo