á que rinden tributo,

sin la inmunda torpeza á que él se entrega,

el ave, el pez, el bruto,

la misma flor inmóvil que despliega

su cáliz á la brisa y al rocío.

Llama ambicion á la locura ciega

que tenaz le persigue hasta en sus sueños

sin que olvido ó reposo se demande,

no por ser él más grande,

sino por ver á los demás pequeños.