á gozar de la victoria

al amor de nuestro hogar,

dime: ¿Qué negro pesar

turba, hermano, tu alegría?

¿Qué negra melancolía

te entristece á nuestro lado?

—¡Ay, Julián! ¡Que me ha olvidado

la mujer que yo quería!

—Hijo, ¿y por eso abatido

al dolor te rindes ciego?