y de su fé rompiendo ya los lazos,

como reproche, ante sus ojos llevo

de mi alma destrozada los pedazos.

Si al escuchar mi queja en la agonía,

de la lucha feroz al fin rendido,

me echa en cara mi osada rebeldía,

yo le podré decir: «Tú lo has querido.

Tú me marcaste de la vida el paso,

tú un cuerpo débil para mi alma diste:

si era para el licor frágil el vaso,