¡REBELDÍA!

No, ya no quiero consolar al triste,

ni con mis manos enjugar su llanto:

ya mi alma, endurecida, se resiste

hasta del bien al goce sacrosanto.

Ya el dolor me arrebata y desespera,

sin que consuelo á la paciencia pida:

ya aborrezco el dolor... ¡el dolor, que era

la ilusion más hermosa de mi vida!

Espíritu rebelde, á Dios me atrevo,