¡Cuántas bellezas por mi mal nacidas!
¡Cuántos tesoros, para mí vedados!
Tiemblo, mujer, al recordarte ausente,
tiemblo y suspiro.
¡Sabes que sólo gozo cuando sueño
(cuando en mí la existencia se interrumpe!)
al dar mi mente á los recuerdos vida,
sér á tu imágen!
¿Sabes amar, sin esperar siquiera
¡triste placer! que tu pasion conozcan?