¿Sabes llorar... pero llorar de celos?
¡Ay! no lo sabes.
Sigue, sigue inocente tu camino,
piensa una vez, y compadece al triste;
ruede una vez por tu sereno rostro
lágrima ardiente.
Y cuando al seno de la madre tierra
vuelva tu cuerpo, en mármol convertido,
unjan tu frente de olorosas flores
suaves aromas.