y ella y él, caminito de la fuente
que entre los olmos murmurar se oia,
marchaban vivamente;
ella lloraba y él palidecia.
Y con ira creciente
los dos se denostaban,
y «aleve» el uno al otro se llamaban,
apurando el atroz vocabulario
que tiene el amoroso diccionario
para tales combates, precursores