dejando su impotencia en tí marcada,

dolor y rabia, lágrimas y espuma.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

¿Y estarás siempre así, muda y sombría,

recostada en la arena?

Es imposible. Nó; llegará un dia,

que acaso en el reloj del tiempo suena,

en que la fuerte mano

del hombre llegue en tí á posarse ardiente,

y entónces, á su impulso soberano,